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domingo, 11 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
Observando al Elefante
- Observando al Elefante
Cuatro hombres ciegos se encontraron con un elefante. Uno le agarró la pata y dijo que era el tronco de un árbol. Otro agarró la cola y pensó que era un hipopótamo. Otro tocó la nariz del elefante y decidió que era una manguera para regar y el cuarto hombre tocó uno de los costados del animal y dijo que para él era una pared. El sabio les dijo: "Todos ustedes tienen razón". La primera vez que escuché esta parábola pensé que esta quería ilustrar que la verdad es relativa. Cuatro personas diferentes, cada una sacando una conclusión distinta acerca de una misma cosa. Años más tarde, me di cuenta de que la historia habla exactamente de lo contrario: la verdad es objetiva. Después de todo, ¿existe un elefante? ¡Claro que el elefante está ahí! Esa es la realidad objetiva, independiente del punto de vista de cada uno.

La verdad es compleja, multi-facética y a veces muy difícil de obtener. Pero no es relativa. Hay una verdad afuera; y nosotros debemos darnos cuenta de qué pieza del rompecabezas estamos tomando. Los cuatro ciegos cayeron en un error muy común: llegar a una conclusión errónea por falta de información. Teniendo conocimiento de una sola parte del elefante era muy improbable llegar a la conclusión correcta.
Los cuatro ciegos deberían haber hablado entre ellos compartiendo la información que cada uno de ellos tenía. Al poner todas las piezas juntas, una imágen más clara hubiese comenzado a emerger y algunas conclusiones iniciales podrían haberse cambiado: Esto no es un mueble, es definitivamente un animal muy grande. Con más y más información la imágen eventualmente hubiese estado más clara y precisa, revelando finalmente que eso era un elefante.
La palabra en hebreo para "verdad" es "emet". Esta palabra - al escribirse precisamente en hebreo - está compuesta por tres letras - la primera, la del medio y la última letra del abecedario, porque la verdad está compuesta por el todo - el principio, el medio y el final. Para poder llegar a juzgar correctamente, el juez tiene que obtener la imágen más completa posible.
Ver al elefante no es nada fácil. Requiere que estemos abiertos a desafiar nuestros axiomas, presunciones y creencias.
Rab Nejemia Coopersmith

La verdad es compleja, multi-facética y a veces muy difícil de obtener. Pero no es relativa. Hay una verdad afuera; y nosotros debemos darnos cuenta de qué pieza del rompecabezas estamos tomando. Los cuatro ciegos cayeron en un error muy común: llegar a una conclusión errónea por falta de información. Teniendo conocimiento de una sola parte del elefante era muy improbable llegar a la conclusión correcta.
Los cuatro ciegos deberían haber hablado entre ellos compartiendo la información que cada uno de ellos tenía. Al poner todas las piezas juntas, una imágen más clara hubiese comenzado a emerger y algunas conclusiones iniciales podrían haberse cambiado: Esto no es un mueble, es definitivamente un animal muy grande. Con más y más información la imágen eventualmente hubiese estado más clara y precisa, revelando finalmente que eso era un elefante.
La palabra en hebreo para "verdad" es "emet". Esta palabra - al escribirse precisamente en hebreo - está compuesta por tres letras - la primera, la del medio y la última letra del abecedario, porque la verdad está compuesta por el todo - el principio, el medio y el final. Para poder llegar a juzgar correctamente, el juez tiene que obtener la imágen más completa posible.
Ver al elefante no es nada fácil. Requiere que estemos abiertos a desafiar nuestros axiomas, presunciones y creencias.
Rab Nejemia Coopersmith
Escribir
ESCRIBIR
Podemos crear un tiempo y un espacio común en donde compartir nuestro impulso de crear y de comunicar a través de la palabra y el silencio.
En el principio fue el Verbo.
El lenguaje es la representación simbólica de la conciencia, del sonido primordial que dio origen al Universo.
La escritura es la manifestación de un sonido en la materia.
La maravilla de la lectura consiste en rescatar de la materia el símbolo para volverlo al éter sutil de la conciencia.
De la palabra escrita puede surgir la comunicación que es relación en la dimensión de la pausa interior, el sosiego y la reflexión.
Hagamos un espacio en la red para experimentar el goce de relacionarnos, de comunicarnos a través de la escritura.
Hagamos de nuestra escritura un arte de comunicación.
Un arte de comunión.
Un arte de meditación.
Podemos rescatar nuestras más preciosas vivencias, aspiraciones, inspiraciones. Podemos descubrir el maravilloso poder evocador de las palabras, del ritmo, de los sonidos.
Profundicemos en nuestro océano interior y rescatemos los tesoros que aguardan ocultos a ser desvelados
Aportemos un trabajo comprometido y amoroso con nosotros mismos. Una experiencia grupal de acompañamiento y de servicio impersonal.
Atentos a lo que decimos… a lo que callamos…
La palabra como sonido nos permite resonar.
Resonar es experimentar la conexión con la frecuencia vibratoria a nuestro alrededor.
La palabra como símbolo nos permite conectar, crear, imaginar…
Ojalá que estas palabras resuenen en tu interior y activen ese espacio de común unión, de común acción, para que sean posibles la comunión y la comunicación.
Brigitte.
Perseguidor, Rescatador o Víctima
Nada más efectivo para evitar la responsabilidad que apersonarse como víctima. Una víctima obtiene la ganancia secundaria de esconderse en su impotencia y culpar a otro por sus fracasos y consecuencias. Aparte, no hay víctima sin un persecutor y, para completar el cuadro, tiene que haber también un rescatador. Las interacciones humanas siguen patrones, ritmos y secuencias que frecuentemente acaban por ser predecibles. Para algunos esto es tan obvio que incluso puede representarse gráficamente -como si fuera un electrocardiograma o una estadística de ventas- donde claramente pueden apreciarse altas, bajas, tendencias.
A-la-Freud, la familia y el trabajo son terreno fértil para que ocurran los dramas más intensos y comunes. Las tres figuras recurrentes en este Triángulo de Karpman (en honor al humanista que articuló la idea) son: a) la víctima, b) el persecutor, c) el rescatador. La víctima es la figura abusada que, pobrecita, está a la merced de un persecutor sádico que sistemáticamente la hostiga y la humilla. Eventualmente siempre aparece el rescatador, que salva, cuando menos temporalmente, a la víctima de la agresión. Pero lo intrigante es que rara vez la víctima termina por salvarse porque se aferra a su condición y tarde o temprano regresa a ella.
Además, los roles se cambian y de repente, por ejemplo, la víctima se pasa a la posición de persecutor, el persecutor a la de víctima, y el rescatador a persecutor. En términos comunes esta filosofía se refleja en un dicho popular: por andar de redentor (rescatador), sales crucificado (víctima). Esta interacción genera dosis abundantes de drama. Los productores y guionistas de Hollywood han encontrado que el grado de drama en las historias se encuentra relacionado directamente al número de veces que ocurre un cambio de roles.
“Somos rescatadores, los que lo logramos todo. Somos madrinas o padrinos del mundo entero, como dice Earnie Larsen. No sólo satisfacemos las necesidades de la gente, sino que nos anticipamos a ellas. Arreglamos los asuntos de los demás, les enseñamos, nos afligimos por ellos”. Melody Beattie
Por alguna razón en algún momento de nuestra vida asumimos que nuestra obligación o deber era cuidar de los demás, que esa manera de actuar nos ennoblecía y nos confería nuestro valor más intrínseco como personas. Es por eso que podemos malgastar nuestra vida rescatando a las personas que nos rodean. Rescatar, consiste en hacer cosas por los demás que son perfectamente capaces de hacer por si mismos y que probablemente deberían estar haciendo. En las palabras de Scott Egleston, a quien Melody Beattie cita en su libro:
“(…) rescatamos cada vez que nos hacemos cargo de las responsabilidades de otro ser humano, de los pensamientos, los sentimientos, las decisiones, la conducta, el crecimiento, el bienestar, los problemas o el destino de otra persona”.
Lo paradójico es que una persona equilibrada y emocionalmente estable no aceptará que nadie le rescate, entre otras razones, porque ella misma es perfectamente capaz de identificar y resolver sus problemas. Es por eso que como bien entendió Stephen B. Karpman, terminamos rescatando víctimas, que no sólo aceptan ser rescatadas, sino que refuerzan todos nuestras conductas y comportamientos rescatadores, al menos al principio.
“Las víctimas en realidad son capaces de cuidar de sí mismas, aunque ni nosotros ni ellas lo admitimos. Generalmente nuestras víctimas están en una esquina del triángulo, simplemente esperando a que nosotros hagamos el primer movimiento y saltemos dentro del triángulo con ellas.” Melody Beattie
La codependencia se puede entender como una cierta adicción a las personas, nuestra “droga” por así decirlo, son las personas que dejan que desempeñemos nuestro role favorito, tanto es así que nosotros pasamos a ser controlados por esa necesidad de reafirmarnos con ese comportamiento. Frecuentemente el codependiente termina enamorándose o quedando estrechamente ligado a una persona alcohólica o con algún otro trastorno compulsivo, lo cual termina por abocarle sin remedio a su destrucción emocional si es que no toma medidas antes.
No se puede cambiar a las personas
Cuidar y rescatar de los demás es una manera de escapar de nuestros problemas. Es una conducta basada en una premisa falsa, ya que no se puede cambiar a las personas. Desde luego que las personas cambian, pero lo hacen cuando ellas quieren, cuando les llega su momento y cuando están preparadas para hacerlo.
El intento de controlar y dirigir el cambio de las personas, nos hace que quedemos a merced de éstas. El controlador pasa a ser controlado. Y si ya de por si es malo ser controlado por alguien aun es peor ser controlado por la enfermedad de una persona, ya sea el alcoholismo, la ludopatía o un desorden de alimentación.
“A fin de cuentas, los demás hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo), piensan lo que quieren pensar, hacen las cosas que creen que necesitan hacer y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. El hecho de que ellos no tengan razón y nosotros si, no importa. Tampoco importa que se estén lastimando a si mismos. No importa el hecho de que nosotros podríamos ayudarles si nos escucharan y si colaboraran con nosotros. NO IMPORTA. NO IMPORTA. NO IMPORTA, NO IMPORTA (…) La única persona a la que puedes o podrás cambiar es a ti mismo. La única persona a quien te corresponde controlar eres tú.”
El triángulo dramático puede ser ilustrado con el juego de adicción. En el juego de adicción jugando el rol de Víctima de una adicción, humillación, prejuicio, negligencia medica y hasta brutalidad policiaca, busca y encuentra un Rescatador. El Rescatador actúa el rol tratando genero-samente y desinteresadamente de ayudar al adicto sin asegurarse que el adicto está interesado en el proceso de abandonar el abuso de la droga. Después de una cierta cantidad de fracasos frustrantes el Rescatador se enoja y cambia hacia el rol del Perseguidor con acusaciones, insultos, menosprecios o castigos al adicto. En este punto el adicto cambia de Víctima a Perseguidor contratacando, insultando, volviéndose violento o creando emergencias a la media noche. El hasta entonces Rescatador es ahora la Víctima en el juego. Este proce-so de cambios continuos e infinitos alrededor del "tío vivo" del triángulo dramático.
La mejor forma de evitar el triángulo dramático es evitar los roles de Perseguidor, Rescatador o Víctima a través de permanecer en el estado del yo Adulto.
A-la-Freud, la familia y el trabajo son terreno fértil para que ocurran los dramas más intensos y comunes. Las tres figuras recurrentes en este Triángulo de Karpman (en honor al humanista que articuló la idea) son: a) la víctima, b) el persecutor, c) el rescatador. La víctima es la figura abusada que, pobrecita, está a la merced de un persecutor sádico que sistemáticamente la hostiga y la humilla. Eventualmente siempre aparece el rescatador, que salva, cuando menos temporalmente, a la víctima de la agresión. Pero lo intrigante es que rara vez la víctima termina por salvarse porque se aferra a su condición y tarde o temprano regresa a ella.
Además, los roles se cambian y de repente, por ejemplo, la víctima se pasa a la posición de persecutor, el persecutor a la de víctima, y el rescatador a persecutor. En términos comunes esta filosofía se refleja en un dicho popular: por andar de redentor (rescatador), sales crucificado (víctima). Esta interacción genera dosis abundantes de drama. Los productores y guionistas de Hollywood han encontrado que el grado de drama en las historias se encuentra relacionado directamente al número de veces que ocurre un cambio de roles.
“Somos rescatadores, los que lo logramos todo. Somos madrinas o padrinos del mundo entero, como dice Earnie Larsen. No sólo satisfacemos las necesidades de la gente, sino que nos anticipamos a ellas. Arreglamos los asuntos de los demás, les enseñamos, nos afligimos por ellos”. Melody Beattie
Por alguna razón en algún momento de nuestra vida asumimos que nuestra obligación o deber era cuidar de los demás, que esa manera de actuar nos ennoblecía y nos confería nuestro valor más intrínseco como personas. Es por eso que podemos malgastar nuestra vida rescatando a las personas que nos rodean. Rescatar, consiste en hacer cosas por los demás que son perfectamente capaces de hacer por si mismos y que probablemente deberían estar haciendo. En las palabras de Scott Egleston, a quien Melody Beattie cita en su libro:
“(…) rescatamos cada vez que nos hacemos cargo de las responsabilidades de otro ser humano, de los pensamientos, los sentimientos, las decisiones, la conducta, el crecimiento, el bienestar, los problemas o el destino de otra persona”.
Lo paradójico es que una persona equilibrada y emocionalmente estable no aceptará que nadie le rescate, entre otras razones, porque ella misma es perfectamente capaz de identificar y resolver sus problemas. Es por eso que como bien entendió Stephen B. Karpman, terminamos rescatando víctimas, que no sólo aceptan ser rescatadas, sino que refuerzan todos nuestras conductas y comportamientos rescatadores, al menos al principio.
“Las víctimas en realidad son capaces de cuidar de sí mismas, aunque ni nosotros ni ellas lo admitimos. Generalmente nuestras víctimas están en una esquina del triángulo, simplemente esperando a que nosotros hagamos el primer movimiento y saltemos dentro del triángulo con ellas.” Melody Beattie
La codependencia se puede entender como una cierta adicción a las personas, nuestra “droga” por así decirlo, son las personas que dejan que desempeñemos nuestro role favorito, tanto es así que nosotros pasamos a ser controlados por esa necesidad de reafirmarnos con ese comportamiento. Frecuentemente el codependiente termina enamorándose o quedando estrechamente ligado a una persona alcohólica o con algún otro trastorno compulsivo, lo cual termina por abocarle sin remedio a su destrucción emocional si es que no toma medidas antes.
No se puede cambiar a las personas
Cuidar y rescatar de los demás es una manera de escapar de nuestros problemas. Es una conducta basada en una premisa falsa, ya que no se puede cambiar a las personas. Desde luego que las personas cambian, pero lo hacen cuando ellas quieren, cuando les llega su momento y cuando están preparadas para hacerlo.
El intento de controlar y dirigir el cambio de las personas, nos hace que quedemos a merced de éstas. El controlador pasa a ser controlado. Y si ya de por si es malo ser controlado por alguien aun es peor ser controlado por la enfermedad de una persona, ya sea el alcoholismo, la ludopatía o un desorden de alimentación.
“A fin de cuentas, los demás hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo), piensan lo que quieren pensar, hacen las cosas que creen que necesitan hacer y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. El hecho de que ellos no tengan razón y nosotros si, no importa. Tampoco importa que se estén lastimando a si mismos. No importa el hecho de que nosotros podríamos ayudarles si nos escucharan y si colaboraran con nosotros. NO IMPORTA. NO IMPORTA. NO IMPORTA, NO IMPORTA (…) La única persona a la que puedes o podrás cambiar es a ti mismo. La única persona a quien te corresponde controlar eres tú.”
El triángulo dramático puede ser ilustrado con el juego de adicción. En el juego de adicción jugando el rol de Víctima de una adicción, humillación, prejuicio, negligencia medica y hasta brutalidad policiaca, busca y encuentra un Rescatador. El Rescatador actúa el rol tratando genero-samente y desinteresadamente de ayudar al adicto sin asegurarse que el adicto está interesado en el proceso de abandonar el abuso de la droga. Después de una cierta cantidad de fracasos frustrantes el Rescatador se enoja y cambia hacia el rol del Perseguidor con acusaciones, insultos, menosprecios o castigos al adicto. En este punto el adicto cambia de Víctima a Perseguidor contratacando, insultando, volviéndose violento o creando emergencias a la media noche. El hasta entonces Rescatador es ahora la Víctima en el juego. Este proce-so de cambios continuos e infinitos alrededor del "tío vivo" del triángulo dramático.
La mejor forma de evitar el triángulo dramático es evitar los roles de Perseguidor, Rescatador o Víctima a través de permanecer en el estado del yo Adulto.
viernes, 2 de diciembre de 2011
El encariñarse con un psicópata
El encariñarse con un psicópata.
Las mujeres… histriónicas... son particularmente atraídas y vulnerables a los hombres psicopáticos. La mujer histérica con desorden de la personalidad es propensa a enamorarse del psicópata... Es capaz... de corresponder en este ciclo proyectivo-introyectivo predominantemente idealizando al personaje psicopático. Su necesidad de apego y de dependencia complementa el deseo del psicópata de separación y autonomía; ella percibe a los otros como gente capaz de darlo todo y benévola, y él como gente capaz de robarlo todo y malévola.
La mujer histérica es inmune a desarrollar una sospecha sana cuando los detalles o las circunstancias no coinciden (también en lo que concierne a la falta de lógica en los pensamientos/comportamiento del psicópata) ni corroboran la versión oral del psicópata en cuanto a su historia. El verdadero peligro en cuanto a los psicópatas es que algunas mujeres en especial, tienen realmente una predisposición psicológica a encariñárseles. Incluso hasta se enamoran de ellos. Estas mujeres, generalmente de personalidad histérica o histriónica, se sienten poderosas cuando se encariñan con el psicópata, sin importar la verdad que se les haya dicho sobre él, ni lo que él mismo les haya dicho. Algunas de estas mujeres tienen la fantasía subyacente de sentir que el psicópata está bajo su control (según Meloy).
Para muchas mujeres, el encariñarse con un psicópata va más allá del mero análisis freudiano - muchas niegan simplemente la verdad, confiando ciegamente e ignorando la realidad. Algunas, hasta cuando se les presentan fríamente los hechos concretos, seguirán todavía admitiendo que no pueden dejar de amar a su compañero psicopático, incluso después de haber sido desechadas por él. Este problema es psico-sexual (mujeres que poseen ellas mismas desórdenes de la personalidad y que se obsesionan con los psicópatas), o bien las mujeres que simplemente no admiten la verdad son ignorantes frente a la situación. Puede incluso ser una combinación de todo tipo de factores.
De cualquier manera, el psicópata sabe a quién "elegir."También, intentar “distinguir” a un psicópata por su aspecto no es fácil, como ya lo he hecho notar. Como me dijo un estudiante de psicopatía, "cambian a menudo de aspecto para no parecer amenazadores, o para crear un personaje." Al igual que el narcisista, el psicópata posee una actitud arrogante, desdeñosa, y condescendiente; sin embargo, déjeme dejar esto en claro: a menudo en la etapa inicial en la que seduce a alguien nuevo, su verdadero carácter se mantiene oculto, naturalmente. Es por eso que, cuando una mujer advierte a otra mujer que un hombre es un psicópata, su más reciente víctima no será capaz de creer en las historias malas que le cuentan sobre él. Su respuesta será "Pero es tan encantador, tan amable, tan agradable..."
Para muchas mujeres, el encariñarse con un psicópata va más allá del mero análisis freudiano - muchas niegan simplemente la verdad, confiando ciegamente e ignorando la realidad. Algunas, hasta cuando se les presentan fríamente los hechos concretos, seguirán todavía admitiendo que no pueden dejar de amar a su compañero psicopático, incluso después de haber sido desechadas por él. Este problema es psico-sexual (mujeres que poseen ellas mismas desórdenes de la personalidad y que se obsesionan con los psicópatas), o bien las mujeres que simplemente no admiten la verdad son ignorantes frente a la situación. Puede incluso ser una combinación de todo tipo de factores.
De cualquier manera, el psicópata sabe a quién "elegir."También, intentar “distinguir” a un psicópata por su aspecto no es fácil, como ya lo he hecho notar. Como me dijo un estudiante de psicopatía, "cambian a menudo de aspecto para no parecer amenazadores, o para crear un personaje." Al igual que el narcisista, el psicópata posee una actitud arrogante, desdeñosa, y condescendiente; sin embargo, déjeme dejar esto en claro: a menudo en la etapa inicial en la que seduce a alguien nuevo, su verdadero carácter se mantiene oculto, naturalmente. Es por eso que, cuando una mujer advierte a otra mujer que un hombre es un psicópata, su más reciente víctima no será capaz de creer en las historias malas que le cuentan sobre él. Su respuesta será "Pero es tan encantador, tan amable, tan agradable..."
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Laura Knight-Jadczyk
Laura Knight-Jadczyk
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