PARA UNA BUENA COMUNICACIÓN CON SU HIJO ADOLESCENTE
La adolescencia es una etapa de la vida
tildada de “edad difícil”, “edad crítica”,
como si los únicos que hubieran pasado por ella fueran otros
y no nosotros mismos, como si fuera una etapa sólo vivida por
aquellos “adolescentes difíciles” y no por otros
que la vivieron normalmente, según las características
específicas que le dan el torrente hormonal, el crecimiento súbito,
la necesidad de independencia, la definición sexual y la acentuación
de los caracteres secundarios, la elección o inclinación
vocacional, entre las más significativas.
Como cualquier período, la adolescencia se rige por determinados
principios que no deben ser olvidados jamás, pues ello acarreará,
en la mayoría de las ocasiones, serias dificultades en la comunicación
paterno-filial. Para lograr una buena comunicación con nuestros
adolescentes es prudente desterrar de nuestro vocabulario determinadas
expresiones como las que a continuación se relacionan:
- “Tú tienes que...” En este caso es preferible preguntar qué ha pensado hacer al respecto, antes de trazar pautas ajenas a él. El adolescente debe aprender a encontrar soluciones propias, a manejar el estrés, las relaciones difíciles, etc.
- “Por qué tú no hiciste...” Lo que no se hizo no tiene solución pues pertenece al pasado. Es mucho mejor que el adolescente aprenda de los errores cometidos y sea capaz de volver a intentarlo, por lo que se le debe asegurar que él es capaz de hacerlo, que él puede lograrlo.
- “Muchos de tu edad...” Esta desafortunada comparación no debe ser pronunciada jamás. Lo importante es aceptar al adolescente tal y cual es, y solidarizarnos con sus decisiones, las que por lo general, son adecuadas a sus intereses.
- “Cuando yo tenía tu edad...” Otra comparación peor que la anterior, pues provocará una rivalidad entre padres e hijos. Cuando usted tenía su edad las cosas eran muy diferentes a como son en estos momentos. Es más inteligente invitarlo a dialogar sobre el tema que consideramos problemático, o el que posiblemente necesite alguna orientación, pero nunca ponernos como modelo que no somos.
- “Yo en tu lugar haría...” Otro error en la comunicación, pues estamos cometiendo fraude, con el inconveniente de que nuestra opinión pudo haber sido válida para nosotros, mediatizada por nuestra experiencia pasada que no la tiene el adolescente y por nuestros juicios de valor que no son los de él. Es mucho más sensato aproximarnos a él preguntándole qué piensa hacer ante la situación que tiene y de esa manera conoceremos cuán acertadas o no son sus decisiones. Si son correctas deben ser estimuladas y si no lo son se le debe incitar a manejar otras opciones más productivas.
Estas
orientaciones persiguen proveer al adolescente de relaciones afectivas
y efectivas, que le sirvan de soporte ante las nuevas exigencias que
esta etapa le plantea, fundamentalmente, una apropiada interacción
social con sus semejantes. Esta manera adecuada de comunicarse con el
adolescente le permitirá contar con usted cuando le sea necesario
a él, no cuando usted lo desee. En este sentido, no trate de
ser el mejor amigo de su hijo para que él le mantenga al tanto
de cuanto hace, lo cual es un atentado a su individualidad e intimidad.
Lo inteligente es lograr que el adolescente tenga su vida privada, sus
secretos y sólo nos comunique aquello que le es confuso, extraño,
hostil, teniendo en cuenta que ellos tienen que vivir sus vidas y nosotros
las nuestras.
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