martes, 4 de septiembre de 2012

LA BÚSQUEDA DEL AMOR

LA BÚSQUEDA DEL AMOR
 

Al  comienzo de  nuestra  vida  sentimos la necesidad  del  otro.  Si  de  chicos permaneciéramos  solos,  no  sobreviviríamos  mucho  tiempo.  Al  iniciar  nuestra etapa de relaciones afectivas, diferentes a  las  familiares, podríamos  decir que es  ése el  despertar de nuestra  búsqueda del amor.  Para  buscar el amor, primero  hay que  amarse sin medida,  sin reservarse nada,  porque  sólo  quien  se  ama  sin medida,  es  capaz de donarse por completo.
 
El  amor es  como  una  semilla, la  semilla  más  hermosa  y  fecunda de la  vida,  aunque  algunas veces se  riegue con lágrimas;  siempre  podremos esperar  los  frutos con fe  aunque  broten  con  dolor, con alegría aunque  vengan  bañados  en lágrimas, con  certeza aunque haya que creer  en los  milagros.
 
La  semilla  del amor brota sin importarle el mundo,  es  libre de los designios  egoístas, la  semilla  del  amor crece por  el  entendimiento  mutuo y no por la  fuerza que  se impone.  La semilla del  amor  brota por  sí  misma.
 
La ilusión  más  grande  es  hallar el amor,  el  momento  más  feliz es  encontrarlo, el  instante culminante es  afianzarlo, y  el más sublime  es la  perseverancia  para  verlo crecer y saberlo  vivir  en la cotidianidad  del  día  a  día con la paciencia  del  más sabio  jardinero.  El  ideal  del amor  es la  felicidad,  pero  si se idealiza perfecto  se torna  inalcanzable, y si se le concibe tan corriente  se torna  banal y  hasta se prostituye.
 
Amar   es descubrir que  dentro  llevamos una  fuente capaz  de rebosar la  vida  de  alegrías, de  entusiasmo  y de  fe.  Es  encontrar la clave  de la honestidad  y la  confianza,  es  abrir  de par  en par  las  puertas del  corazón, formando  puentes  que unen  en  el  diálogo  sincero, capaz  de comprender  la  elocuencia del silencio.

El  amor  no  se  despilfarra ni  se mezquina,  el  amor  no  se impone a  la  fuerza,  no se  reclama,  ni se exige.  El amor  se merece poco  a poco, se gana  lentamente,  se  reinventa  muchas veces y se  hace crecer con  los detalles.
 
El  amor revela  en nosotros  el filósofo  que llevamos  dentro,  que nos  lleva a comprender  antes que  juzgar, a perdonar  antes  que  condenar, a  ceder  antes  que presionar, a  dialogar  antes  que discutir, a  buscar  soluciones  antes que provocar problemas, a  crecer  antes que  estancarnos.

El  amor  nos  enseña a  respetar.  Sin  el respeto, el  amor comienza a  agonizar, luego la indiferencia le remata.  El  amor  es  un bálsamo  que cura todas las  cicatrices de la  vida, es la panacea que  alivia  todos los  dolores  y  sana  todos los  males.

El  amor  es  como las olas del mar, encierra la  fuerza salvaje  de las  tempestades, y la capacidad  de acomodarse y  plegarse ante la más suave de las  brisas.  El  amor  no  es estático sino que se dinamiza al compás  de la  comprensión  y el entendimiento  mutuo.  El  amor  es el eslabón primordial en el tejido de la  vida.  Sin él, somos  vacíos y con él somos distintos sin  dejar de ser los  mismos.

1 comentario:

  1. Me gusta...

    Un agrado, Brigitte...

    Tu publicación, es excelente.

    Explicas con simplicidad y precisión, cosas que a veces a muchos nos cuesta definir.

    Un saludo cordial... y el deseo de un gran día para ti.

    ***



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